Monday, January 29, 2007
De cebollas inorgánicas
Mira a tu alrededor, ¿qué hay? Sí, objetos. Hay un monitor, un teclado... el mouse; y también otras cosas que dependen completamente de quién las ve. Detrás de todos esos objetos, ¿qué hay? ¿No lo ves? Trata de imaginar.
Saturday, January 27, 2007
De lo que todos ignoramos
Pulsiones, pulsiones, pulsiones. ¡Qué palabra tan importante y a la vez ignorada! Ésto que lees tiene su raíz en una pulsión, y la razón por la que lo lees: también; quizá lo sepas, quizá no. Para continuar es preferible reconocer lo que la palabrita, palabra, palabrota designa.
La confusión es sólo un autoengaño. Un individuo se encuentra confundido, sentado en una banca, pensando. Y su confusión es un autoengaño, él no lo sabe, puesto que está confundido. Piensa, mientras mira a un perro intentar tener sexo con otro -no se sabe si el otro es otra-, que la vida no vale la pena, que todo es un gran error y su confusión está en que no sabe por qué ha llegado a dichas conclusiones. Mira al perro y no puede evitar soltar una leve sonrisa, acompañada de su tan distinguido y opaco sonido de la respiración tardía. La confusión es un autoengaño, y esa sonrisa brota de la misma, desde otro lado: oscuro, tenebroso e insondable.
Un hombre pasa caminando al lado de aquél individuo que mira a los perros violarse el uno al otro, le extraña ese gesto al verlo, y se pregunta si él se ríe por la misma razón que él. No le es posible determinar -ya porque no quiere o porque no le es posible- si sonríe porque los perros le están dando duro frente a todo mundo, o si es sólo que desea compartir con alguien un acto que dentro de poco será olvidado.
La confusión es sólo un autoengaño. Un individuo se encuentra confundido, sentado en una banca, pensando. Y su confusión es un autoengaño, él no lo sabe, puesto que está confundido. Piensa, mientras mira a un perro intentar tener sexo con otro -no se sabe si el otro es otra-, que la vida no vale la pena, que todo es un gran error y su confusión está en que no sabe por qué ha llegado a dichas conclusiones. Mira al perro y no puede evitar soltar una leve sonrisa, acompañada de su tan distinguido y opaco sonido de la respiración tardía. La confusión es un autoengaño, y esa sonrisa brota de la misma, desde otro lado: oscuro, tenebroso e insondable.
Un hombre pasa caminando al lado de aquél individuo que mira a los perros violarse el uno al otro, le extraña ese gesto al verlo, y se pregunta si él se ríe por la misma razón que él. No le es posible determinar -ya porque no quiere o porque no le es posible- si sonríe porque los perros le están dando duro frente a todo mundo, o si es sólo que desea compartir con alguien un acto que dentro de poco será olvidado.
O.
Tuesday, January 23, 2007
El puto televisor
Un escritor no tiene musas. Las musas son moscas que terminamos por asesinar, porque no sólo nos interrumpen: hartan. No permiten la concentración y nos fuerzan a perder la razón, nos llevan por espirales infinitos, laberintos sin salida y armazón. He olvidado yo a todas mis musas, y ahora puedo considerarme un verdadero escritor. Me encuentro por encima de la realidad, y en lo más profundo de la irrealidad. Hace poco murió la última mosca, mi razón le hizo tener un ataque que llegó hasta su corazón -que algunos creen fría, gracias al puto televisor-.
O.
Pregunta y respuesta de escritor
Acostado, un hombre ocultaba sus pensamientos al mundo porque sus preguntas no tenían allí respuesta. Con los ojos cerrados, buscaba por su memoria puntos de referencia para conectar y formar una respuesta, para lo que días antes le había estado revolviendo la cabeza.
¿Cómo puedo yo escribir algo lo suficientemente confuso y a la vez claro? ¿Cómo puedo escribir un relato en el que el lector, creyendo que va por un camino, vaya realmente cayendo por un agujero donde en el final, se encuentre a sí mismo, un poco más consciente al terminar?
No encontraba respuesta para sus preguntas -todo lo que veía, tenía una forma muy extraña, poco conocida-; no se rindió, siguió acostado, pensando. Cuando la respuesta vino a él, supo que al intentar escribirla, no la podría llevar a cabo. Era una manipulación maquiavélica complicada, había descubierto el engaño, y acaso la burla.
Se levantó del diván y caminó hacia el escritorio. Tomó una hoja en blanco, llenó con tinta su pluma y el título de su respuesta llevó por nombre: "Pregunta y respuesta de escritor".
¿Cómo puedo yo escribir algo lo suficientemente confuso y a la vez claro? ¿Cómo puedo escribir un relato en el que el lector, creyendo que va por un camino, vaya realmente cayendo por un agujero donde en el final, se encuentre a sí mismo, un poco más consciente al terminar?
No encontraba respuesta para sus preguntas -todo lo que veía, tenía una forma muy extraña, poco conocida-; no se rindió, siguió acostado, pensando. Cuando la respuesta vino a él, supo que al intentar escribirla, no la podría llevar a cabo. Era una manipulación maquiavélica complicada, había descubierto el engaño, y acaso la burla.
Se levantó del diván y caminó hacia el escritorio. Tomó una hoja en blanco, llenó con tinta su pluma y el título de su respuesta llevó por nombre: "Pregunta y respuesta de escritor".
O.
Monday, January 22, 2007
Recuerdos de color superimpuestos
En Francia, tú y yo andamos por un oculto sendero a soñar a la luna de México. A llorar juntos porque nos hemos encontrado, a sufrir juntos porque sabemos que nos amamos.
Juntos somos el muzgo orgánico más grande del planeta, el único muzgo consciente de sí mismo. La niebla no nos hace olvidar nuestro nombre, porque las luciérnagas no terminan de iluminarnos el orbe.
Magdalena, tú eres ella. No hay mujer más divina que la que habla con la luna y las estrellas. Y como dijo Nietzsche: "Un artista sólo cuenta con las estrellas." Ambos, con ellas platicamos para volver escencia nuestra existencia. Y por un oculto sendero de Francia, recordamos las lunas que son muy, muy de ellas -juntas todas al mismo tiempo-. Y por eso digo que eres ella; porque eres la que siempre he buscado en el huevo podrido que es la vida, la que antes de llamarse Magdalena, llevaba por nombre: ella. Y cuando solo pensaba: ¿Dónde está ella? Yo hablaba de ti, de ella, que eres tú y es ella.
La luna no es igual aquí que allá; aquí es gris, y allá celeste, como la diosa del amor que describe uno de los amigos de Platón. Llanto, estrellas, sendero... en fin; todo gris hasta que vuelva, y vuelva el celeste amoroso que llena nuestra infinitamente melancólica vida del recuerdo azul claro que nos une, nos une hasta el fin -que es un sin fin-.
De la nada: salimos. En mi núcleo: tú; en el tuyo: yo. Dos nadas que nadan desde la nada hasta la nada. Chorros de lágrimas que brotan por cortar la cebolla, la cebolla que es nuestra vida de interminables capas, donde en la última yacemos juntos en Francia, en el sendero oculto llorando en un eterno momento que recordaremos en otro momento, en otro oculto sendero por el que juntos, en México, seremos hasta el fin -que repito: es un sin fin-.
Juntos somos el muzgo orgánico más grande del planeta, el único muzgo consciente de sí mismo. La niebla no nos hace olvidar nuestro nombre, porque las luciérnagas no terminan de iluminarnos el orbe.
Magdalena, tú eres ella. No hay mujer más divina que la que habla con la luna y las estrellas. Y como dijo Nietzsche: "Un artista sólo cuenta con las estrellas." Ambos, con ellas platicamos para volver escencia nuestra existencia. Y por un oculto sendero de Francia, recordamos las lunas que son muy, muy de ellas -juntas todas al mismo tiempo-. Y por eso digo que eres ella; porque eres la que siempre he buscado en el huevo podrido que es la vida, la que antes de llamarse Magdalena, llevaba por nombre: ella. Y cuando solo pensaba: ¿Dónde está ella? Yo hablaba de ti, de ella, que eres tú y es ella.
La luna no es igual aquí que allá; aquí es gris, y allá celeste, como la diosa del amor que describe uno de los amigos de Platón. Llanto, estrellas, sendero... en fin; todo gris hasta que vuelva, y vuelva el celeste amoroso que llena nuestra infinitamente melancólica vida del recuerdo azul claro que nos une, nos une hasta el fin -que es un sin fin-.
De la nada: salimos. En mi núcleo: tú; en el tuyo: yo. Dos nadas que nadan desde la nada hasta la nada. Chorros de lágrimas que brotan por cortar la cebolla, la cebolla que es nuestra vida de interminables capas, donde en la última yacemos juntos en Francia, en el sendero oculto llorando en un eterno momento que recordaremos en otro momento, en otro oculto sendero por el que juntos, en México, seremos hasta el fin -que repito: es un sin fin-.
O.
Recuerdo de un fragmento
Recuerdo un fragmento, que viene de unos versos. Versos de Pedro:
Si el sueño no se acaba, la realidad es el sueño.
Si el sueño no se acaba, la realidad es el sueño.
Sunday, January 21, 2007
Dentro y no fuera
Tu belleza no está en ti. Tu belleza está dentro de mí. Es un reflejo de mi belleza interna. Tú, por ti misma, quizá no lo seas.
O.
Friday, January 19, 2007
Surinsecto -por encima de los insectos-
En la telatrampa, sólo la araña no puede quedar atrapada. Todo lo demás es enteramente suceptible a caer presa de su pegostiosa y deliciosa baba.
O.
Descripción de otra realidad

Los ojos azules de una chica preciosa miraban con extrema curiosidad cómo una araña escupía una sustancia pegajosa para ir construyendo su telatrampa. Siempre el mismo diseño, en distintas formas y tamaños -para un pensamiento entrenado ésto será causa de una tremenda curiosidad(entiéndase que la vida psíquica podría ser una telatrampa que no busca sino capturar a las mosquitas y demás insectos que pasan volando por ahí) porque se verá reflejado- para llevar a cabo la misma función. Esperando, en el centro de la trampa, a que la vibración eyacule el movimiento del antrópodo, siente todo lo inmediato -porque no puede ver más allá de ello-. Detrás de las vibraciones, de la tela y su espera yace un espacio, que está encerrado dentro de otro espacio más grande -y a su vez el mismo dentro de otro espacio mayor- y así sucesivamente hasta que el espacio se vuelva tan pequeño nuevamente como la tela y pueda encerrarse nuevamente dentro de un espacio más grande, que a su vez está dentro de un espacio más grande. Y no solamente detrás, escondido, está el espacio. El tiempo, que está encerrado dentro de un tiempo más largo, también está esperando, dentro de un tiempo con el tamaño suficiente como para albergar el tiempo anterior. Y siempre, así, hasta el infinito -que no existe porque dentro del mismo hay otro infinito mayor que contiene al mismo infinito- que es una ilusión de lo interminable que termina hasta que le ponemos fin. Y vibra la telatrampa incontables veces, y la araña cae porque algo ha roto su trampa -objeto de gracia para quien la ha roto- sólo por diversión. Y por diversión se destruye ahora esta trampa psicológica y te caes.
O.
La cebolla

Literatura de la pastilla: de la nada, nada sale. Y sin embargo, de la nada: salimos.
Lo que puede designarse por el momento como la vida del hombre(inclúyase la mujer) tiene todas las características perceptibles de una cebolla. Una cebolla tiene una superficie incomestible, áspera y con varias capas secas. Si se urga dentro de la o las capas muertas se encontrará la primera y más grande superficie(profunda) -epidérmica- húmeda, jugosa a la que le gusta gotear. Chorrea y quienes se acercan a ella gotean también -es decir, lloran- inevitablemente.
Hasta aquí la introducción de la insípida literatura infinita de la pastilla blanca que todo lo transforma en cosquilla. Tómense las demás características conocidas de la cebolla para continuar relacionándola con la vida del hombre(y si se incluyó la mujer -sólo el narcisista cuyo objeto sexual es él mismo la olvidaría- que se tome en cuenta) para llegar al núcleo(cosa que algunos creen es el comienzo de otra cebolla).
O.
9
He venido a este oculto sendero
a soñar a la luna de Francia,
porque lloro un amor, y no quiero
que me mate su triste fragancia...
... El jardín está dulce y velado
por la tibia tristeza de tul
con que el vaho del suelo regado
sube el verde muzgo azul.
En la niebla da el agua a la piedra
el dolor de su vieja cantata;
la luciérnaga sueña en la yarda
vuelos verdes y vuelos plata...
Por las ramas que rozan la frente
hay jazmines de olores de estrella...
¿Es Francina?... Es la niebla, es la fuente,
es el cielo... No es ella, no es ella...
Es algún ruiseñor encantado
por la luna romántica..., es una
voz azul..., un volar fascinado
por el pájaro que habla a la luna...
¡Ay!, no es ella... ¡Si mi alma volara!
Llanto, estrellas, tul, flores..., en fin,
todo adorna lo azul, como para
que Francina descienda al jardín...
El nocturno está dulce y dormido
en la tibia tristeza de tul
con que el vaho del suelo florido
sube el alma del verde a lo azul...
Y la plácida luna naciente
el jardín melancólico baña,
¡una luna serena y luciente
que recuerda las lunas de España!
Juan Ramón Jiménez
a soñar a la luna de Francia,
porque lloro un amor, y no quiero
que me mate su triste fragancia...
... El jardín está dulce y velado
por la tibia tristeza de tul
con que el vaho del suelo regado
sube el verde muzgo azul.
En la niebla da el agua a la piedra
el dolor de su vieja cantata;
la luciérnaga sueña en la yarda
vuelos verdes y vuelos plata...
Por las ramas que rozan la frente
hay jazmines de olores de estrella...
¿Es Francina?... Es la niebla, es la fuente,
es el cielo... No es ella, no es ella...
Es algún ruiseñor encantado
por la luna romántica..., es una
voz azul..., un volar fascinado
por el pájaro que habla a la luna...
¡Ay!, no es ella... ¡Si mi alma volara!
Llanto, estrellas, tul, flores..., en fin,
todo adorna lo azul, como para
que Francina descienda al jardín...
El nocturno está dulce y dormido
en la tibia tristeza de tul
con que el vaho del suelo florido
sube el alma del verde a lo azul...
Y la plácida luna naciente
el jardín melancólico baña,
¡una luna serena y luciente
que recuerda las lunas de España!
Juan Ramón Jiménez
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